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Piriápolis
tiene una geografía privilegiada donde
el mar de aguas transparentes y plácidas
se echa en brazos de una ancha franja de
arena blanca. Desde Bella Vista a Punta
Negra se extiende una panorámica de
playas que se suceden generando un
espectáculo irrepetible que sorprende
al turista, enamora repetidamente al
veraneante habitué y enorgullece al
habitante local. Uno de los paseos más
codiciados es su Puerto. Una sólida cuña
de piedra que se introduce en el mar
dando reparo y albergue a barcos de
discreto calado. El Puerto de Piriápolis
terminó de construirse en 1916 debiendo
tomarse, para su construcción, parte
del viejo Cerro del Inglés, hoy
conocido como Cerro San Antonio por la
imagen del Santo hecha en terracota y
traída desde Milán.
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En
1913, llegaba al promisorio Puerto el
pintoresco ferrocarril en un recorrido por
la Rambla hasta el Argentino Hotel,
trayendo a los turistas además de las
cargas de granito provenientes del Cerro.
El 13 de diciembre de 1997 se inauguró la
ampliación de este Puerto para cuya obra
se estuvo trabajando arduamente durante un
buen tiempo. Se extendieron los muelles y
con la propia piedra original del suelo
fernandino, se consolidaron espigones de
contención y zonas de pesca ampliándose
el espejo de las aguas portuarias con la
finalidad de aumentar las posibilidades de
espacio.
La
ampliación dio como resultado un amarre
para setenta embarcaciones, guardería
para cincuenta, servicio de energía eléctrica,
sanitarios, grúas y Travelift para Botada
y Varada con profundidad de tres a ocho
metros. Una amplísima plazoleta trazada
en desniveles, iluminada con grandes
globos de luz muy bien dispuestos, con
playa de estacionamiento para automóviles
y graciosas bancas colocadas hacia el mar,
ofrecen el panorama del actual Puerto de
Piriápolis, emplazado en ese paraje de
indescriptible belleza, a los pies del San
Antonio, a un lado del Cerro del Toro y
percibiendo, en la lejanía, el perfil
solemne del Pan de Azúcar escoltado por
la azulada Sierra de las Animas.
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